El cuento de la criada (Atwood, Margaret)

Volvemos de vacaciones, y volvemos pisando fuerte. Una de mis mejores lecturas de playa ha sido El cuento de la Criada de Margaret Atwood… una lectura intensa, pero que sin duda merece la pena.

Título: El cuento de la criada.

Autor: Margaret Atwood.

Editorial: Salamandra.

Número de páginas: 416

Valoración: ♥♥♥♥


Resumen (oficial de la editorial)

Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. Esta trama, inquietante y oscura, que bien podría encontrarse en cualquier obra actual, pertenece en realidad a esta novela escrita por Margaret Atwood a principios de los ochenta, en la que la afamada autora canadiense anticipó con llamativa premonición una amenaza latente en el mundo de hoy.
En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela —o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir— le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual.
Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el supuesto mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo.Los peligros inherentes a mezclar religión y política; el empeño de todo poder absoluto en someter a las mujeres como paso conducente a sojuzgar a toda la población; la fuerza incontenible del deseo como elemento transgresor: son tan sólo una muestra de los temas que aborda este relato desgarrador, aderezado con el sutil sarcasmo que constituye la seña de identidad de Margaret Atwood. Una escritora universal que, con el paso del tiempo, no deja de asombrarnos con la lucidez de sus ideas y la potencia de su prosa.

Reseña:

Ante todo, es impactante.
El Cuento de la Criada me ha recordado mucho al estilo de Oryx y Crake… otra obra maestra de Atwood. Como en todas sus novelas distópicas, la autora crea una sociedad terrible pero a la vez increíblemente plausible.
En este caso, convierte los Estados Unidos en la República de Gilead, que ha pasado a ser dominada por el extremismo religioso y el machismo absoluto.
Así, la novela se llena de temas del mundo actual y hace del Cuento de la Criada, una lectura especialmente relevante hoy en día.
Confieso que El Cuento de la Criada llevaba en mi estantería bastante tiempo – fue un error no haberlo empezado antes. Sin embargo, hay que tener ganas de leerlo: es un libro duro, que impacta y tiene escenas desagradables.
Atwood plantea una sociedad horrorosa en la que la función de las mujeres se determina por su clase social. El aparente matriarcado se divide en Tías, Esposas y Criadas. Defred, la protagonista es una Criada, y como tal, su función es tener hijos para el Comandante. El Comandante es algo así como un aristócrata, que comparte el poder con su Esposa. Las Esposas no tiene hijos, si no que las Criadas los tienen por ellas… y las Tías coordinan todo este proceso.
El porqué de esta sociedad se va revelando a lo largo del libro poco a poco. No esperéis párrafos y párrafos de cómo una sociedad normal puede llegar a ser Gilead, porque no los hay. Atwood se conforma con describir el proceso a trozos, a través de los recuerdos de Defred.
A pesar de su aparente complejidad, el Cuento de la Criada es bastante fácil de seguir. La prosa es simple, pero los sentimientos e ideas de Defred están muy bien transmitidos; así que es muy fácil identificarse con ella en algunos aspectos.
Ella es la que narra la historia, en primera persona y en presente. Mediante sus pensamientos, el lector descubre su función – y cómo, una vez dado a luz, su bebé no será suyo en absoluto.
Defred suele recordar su vida anterior, en la que estaba casada y tenía una hija. Un día, el Estado le arrebató su dinero, sus posesiones y su independencia. Pronto, perdió también a su familia, de la que ya no sabe nada, y pasó a ser pertenencia del Comandante. Defred narra como pasó de ser una mujer libre a una esclava – sin la independencia para poder hacer nada sola, ni siquiera ir al baño.
Defred lamenta no tener futuro ni pasado, y se agobia con la impotencia de no saber qué hacer para salir de esta situación. Tampoco puede revelarse, porque no sabe si es la única mujer que se opone a este régimen, ya que la libertad de expresión es inexistente.
Atwood plantea esta sociedad como algo terrible, pero a la vez critica el mundo actual… sugiriendo cómo las leyes morales y los comportamientos que nos gobiernan podrían desencadenar una situación como en la que vive Defred. Hay una cita que me gustó especialmente, porque creo que describe perfectamente como los habitantes de países desarrollados vemos el mundo.
Nada cambia en un instante: en una bañera en la que el agua se calienta poco a poco, uno podría morir hervido sin tiempo de darse cuenta siquiera. Por supuesto, en los periódicos aparecían noticias: cadáveres en las zanjas o en el bosque, mujeres asesinadas a palos o mutiladas, mancilladas, solían decir; pero eran noticias sobre otras mujeres, y los hombres que hacían esas cosas eran otros hombres. Nosotras no conocíamos a ninguno de ellos. Las noticias de los periódicos nos parecían sueños o pesadillas soñadas por otros. Qué horrible, decíamos, y lo era, pero sin ser verosímil. Sonaban excesivamente melodramáticas, tenían una dimensión que no era la de nuestras vidas.
Éramos las personas que no salían en los periódicos. Vivíamos en los espacios en blanco, en los márgenes de cada número. Esto nos daba más libertad. 
Vivíamos entre las líneas de las noticias.
Y es que vivimos en las líneas de las noticias.
Me encanta, me encanta, me encanta como escribe Atwood. Pero sus libros son intensos y desconcertantes, quedáis avisados.
Para empezar, el sistema que describe es ya de por sí confuso. Si son las tías las que controlan el sistema, ¿no son ellas las que tienen el poder? Siendo mujeres, ¿no sería esto un matriarcado?
Efectivamente, son las tías las que tienen el poder, las que controlan la sociedad y coordinan que todo funcione a su gusto. Por eso, hay quien describe Gilead como un falso matriarcado: las mujeres tienen el poder de estructurar la sociedad y sacarle partido, pero a la vez están sometidas al Comandante. El Comandante es el responsable de que la función de cada mujer se lleve a cabo. Así, es él quien decide sobre la vida de las mujeres que trabajan para él, quien controla la política, el dinero y el poder.
Después de todo, la función de las mujeres es la de servir a los hombres.
Total, que lo que hoy llamamos patriarcado, en Gilead se le llama matriarcado.
Atwood también se las apaña para introducir debates actuales en esta sociedad – sugiriendo que quizás nuestro mundo y Gilead no sean tan distintos. Hablo de los vientres de alquiler, la libertad sexual, la independencia económica de las mujeres, o incluso el suicidio. Sí, es denso, es intenso y para nada un libro de niños. Pero te hace pensar, y para mí eso es una de las ventajas del libro.
Si ha habido algo que me ha faltado ha sido la opinión de los comandantes. Defred sí tiene cierta relación con su Comandante, y él no parece en principio una mala persona. Lo único que le falta al Cuento de la Criada es más información sobre la opinión de los hombres – ¿qué opinan ellos sobre esta sociedad?
El libro en sí es muy controvertido porque tiene mucha carga religiosa. Los maltratos que sufren las mujeres, y la situación en general es justificada por los libros sagrados de las religiones como la Biblia. A pesar de ser un tema sensible, creo que Atwood no está criticando la religión en sí, sino que critica el hecho de que los grandes males de la tierra vienen muchas veces del extremismo religioso o las diferencias entre distintas religiones.
La religión es responsable, según Atwood, de la falta de libertad en Gilead. Las relaciones extramatrimoniales están prohibidas, así como casarte por segunda vez. También se condena el ateísmo y la homosexualidad.
A partir de esta cárcel de pensamiento, el mundo pasa a ser accesible únicamente para los hombres ricos, mientras que el resto les sirve.
Esto me lleva a aclara que no todos los hombres son Comandantes, y no todos los hombres tienen poder. Nick, la salvación romántica de Defred, por ejemplo, es chófer y trabaja también para el Comandante. La clase social de los hombres también determina su libertad – lo que implica que las mujeres no son las únicas víctimas en el relato de Atwood.
Es curioso como el libro se escribió en 1985 y está ambientado en el futuro. Y digo curioso porque para mí fue muy difícil imaginármelo así. Puede que la sociedad me recordara un poco al principio del siglo XX, cuando las mujeres aun no tenían el voto y las clases más bajas servían a la aristocracia.
El cuento de la criada tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. En mi opinión no es un libro perfecto, pero es un desafío porque te hace reflexionar y por eso le he dado muy buena puntuación. Yo terminé algo cansada del mensaje feminista porque creo que se le da demasiada importancia a la sociedad patriarcal encubierta en el libro – y se dejan de lado otros aspectos igualmente interesantes.
Al terminar la novela, empecé a conectar cosas que he estudiado en el colegio con la trama del libro. Esto me llevó a entender la novela de otra forma.
Por ejemplo, si tenemos en cuenta que Atwood escribió el libro en el 85, nos damos cuenta de que esto coincide con el gobierno en Estados Unidos de Reagan. Según mi libro de historia – del que me fío – , Reagan ganó las elecciones en parte gracias a un movimiento religioso que criticaba la revolución sexual de los 70. En este contexto, tiene más sentido que Atwood escribiera el Cuento de la Criada.
Por otra parte, coincide con la Revolución Islámica iniciada en el 79 en Irán, que a lo mejor Atwood pretendía condenar. Es probable que en muchos aspectos, la autora haga referencias a la transformación de la sociedad avanzada y laica iraní, que pasó a ser una república religiosa islámica. Irán – como Gilead – había olvidado sus similitud con los países occidentales, y sus mujeres, perdieron muchos de sus derechos.
Personalmente me quedo con el final – y qué final… abrupto e impactante donde los haya. Seguido por un imprescindible epílogo, el fin es el cierre idóneo a la novela de mi verano.

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